jueves, 22 de diciembre de 2022

El servicio militar obligatorio en Melilla

Todos los hombres al cumplir los 20 años eran llamados a filas. 

Algunos creían tener suerte cuando les tocaba el Servicio Militar Obligatorio en las guarniciones del Norte de África, en Ceuta y en Melilla, por un periodo entre dos y hasta seis años. 

Las mujeres se quedaban embarazadas de hombres que fueron llamados a quinta, por la sencilla razón que no se sabía quiénes, tendrían la mala suerte de no volver.

El conflicto del protectorado de Marruecos contra los rebeldes rifeños, llevó a muchos de estos jóvenes a vivir un auténtico infierno durante el periodo más terrible. 

Muchos que se presentaron voluntarios  se enfrentaron al horror y la corrupción del ejército español durante la Guerra del Rif.
                                                               
Tras la Guerra Civil, servir en África era lo más parecido a no existir, frente a las reminiscencias de Ceuta y Melilla como destinos a evitar.

Existen relatos de nostálgicos que dicen que disfrutaron la mili en alguna de las dos ciudades, pero la gran mayoría las aborrecía. 

Muchos de quienes fueron llamados a filas, tuvieron la rara fortuna de hacer el servicio militar cerca de casa.

Los demás fueron enviados a Melilla y a Ceuta como carne de cañón.


La balada del grillo

Vine desde la orilla de mi charca,
buscando el río,
y ahora veo dónde
se hallaba escondido.

Bajando libre entre las rocas
parece hallarse sumido, 
entre miles de gritos temperamentales                                              que parecen luchar por ser oídos.

Limpias las aguas llegan, 
y se van dejando el eco 
de algo que parece haber acontecido, 
no se sabe cuándo ni dónde, 
pero así lo he oído.

Bien sabe que me recuerda, 
un lugar del que he salido, 
donde nunca tuve amigos, 
donde más bien brillaba un respeto                                              muchas veces invadido, 
por la duda de unos ojos 
que amenazan volverse enemigos.

Cómo hacer callar las voces 
que al viento lanza el río, 
y ver las aguas pasar 
sin ese humilde cántico.

Cómo pueden pedirme 
aquello para lo que no he nacido, 
si igual que la corriente de este gigante                                         no puedo detener mi camino, 
sino vivir tal y para lo que he crecido.

Y aunque mi muerte llega
cuando el Sol se debilita, 
mi corriente persiste en otro mundo, 
que no es este, 
donde yo ya habré vivido.

                                                      Poema de B. Ramírez



El servicio militar obligatorio en Melilla


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